06 de enero (CIJG).- Hoy miércoles prestaron su testimonio cinco testigos en el Juicio por las masacre de septiembre y octubre de 2003: Felipe Caza Apaza, Elvis Torres Choquehuanca, Basilio Canaviri Canaviri, Valerio Reynaldo Apaza y Eloy Huanca Quito.
Felipe Caza Apaza: “Los militares van a volver, nos van a matar”
“Antes de 2003 yo trabajaba en carpintería en El Alto”, dijo Felipe Caza Apaza al comenzar su testimonio el 6 de enero en la Corte Suprema. El 12 de octubre de 2003 fue herido por una bala militar en el antebrazo y cadera derecha. A la altura de la ex fábrica de vidrio de Rió Seco vio que había un grupo pequeño de vecinos concentrados en la avenida, se aproximó por curiosidad “un ratito también me he mirado”, dijo y recordó que tenía en sus manos una bolsita con fruta que estaba llevando para sus hijos.
“De ahí se han aparecido los militares, seis camionadas de militares”, les gritaron “¡perderse mierdas!” y comenzaron a disparar. Estaban con uniformes camuflados, las caras pintadas, llevaban cascos y otros pertrechos. Al escapar giró su cuerpo y la bala le impactó en la muñeca derecha “como aguja me han punzado fuerte, la bolsita me han hecho botar”, cuando miró su mano estaba perforada y también tenía una herida en la cadera del lado derecho, donde todavía le quedan las esquirlas como en la mano.
Elvis Torres Choquehuanca: “Las calles estaban de luto, habían banderas rojo, amarillo y verde con listón negro”
Elvis tenía 17 años de edad el 2003, era estudiante de 3° de secundaria. Ese 12 de octubre “Las calles estaban de luto, habían banderas rojo, amarillo y verde (los colores de la bandera nacional) con listón negro”, la gente protestaba por las muertes y la represión; “había músicas de cuando alguien muere, esas músicas había”, relató el testigo al comenzar su declaración.
Ese 12 de octubre en la tarde salió a buscar a su papá. La gente corrió porque comenzó a llover y granizar, y porque dijeron que los militares ya estaban llegando. “Las calles se vaciaron”. Elvis también se escondió de la lluvia que duró casi una hora. Cuando calmó la lluvia se disponía a volver a su casa pero escuchó disparos “estaban disparando militares”.
Se fueron por la avenida Juan Pablo II rumbo a La Ceja, entonces le dispararon; “de repente no más me cae la bala”. Su brazo le colgaba “no había piel, no había hueso, me agarré y me fui al hospital de mi zona”, al hospital también llegaban otros heridos “gente traídas en carretillas, gente herida”.
Basilio Canaviri Canaviri: “El disparo clarito era salían chispas”
Don Basilio era albañil pintor, el 10 de octubre los militares le dispararon en el muslo, cuando iba camino a su trabajo. “Salí en la mañana agarrado de lo que me lo ha preparado mi esposa un sándwich”, eran las 5 de la mañana del viernes 10 de octubre de 2003. Cerca al puente ante de llegar a La Ceja escuchó disparos y ninguna advertencia; “como yo estaba caminando normal, llegué al puente y fue en ese momento que sentí el impacto de bala en el muslo izquierdo”, se le cortó la respiración “hasta de mis ropas sentí que estaba saliendo humo”, entonces gritó “¡me han dado!, ¡me han dado!”, pudo avanzar diez pasos antes de caer al suelo. Los militares habían disparado desde el puente.
“El disparo clarito era salían chispas”, explicó al referirse al momento en que las balas salían de los cañones. Estuvo incapacitado para trabajar más de seis meses.
Valerio Reynaldo Apaza: “Me siento mal… me han cortado la vida, la ilusión que yo tenía”
Tenía 15 años de edad el 2003, estudiaba en el colegio Ayacucho, se dedicaba a estudiar y a jugar fútbol porque tenía una beca en el club The Strongest popularmente conocido como El Tigre, era parte de la selección juvenil de ese equipo. En el colegio cursaba ese año el primer medio. El 12 de octubre en El Alto un disparo de arma de fuego militar le quitó la visión del ojo izquierdo.
El 12 de octubre salió de su casa por la mañana, fue a jugar y al volver a su domicilio cruzó la avenida Juan Pablo II, entonces sintió el impacto de un balín en el ojo izquierdo “un ruido tremendo”, y luego el dolor recordó Reynaldo, los militares estaban recostados en el puente desde donde disparaban. Luego unos vecinos le llevaron a un domicilio particular donde se había habilitado la Cruz Roja. La hemorragia de su ojo continuaba y a las 8 de la noche fue trasladado en una ambulancia junto a otros heridos a la Caja Nacional de Salud.
“Me siento mal… me han cortado la vida, la ilusión que yo tenía de jugar (fútbol) y ser algo en la vida, yo ya no vivo como antes”, al salir bachiller su sueño era ser jugador profesional de fútbol. Actualmente no tiene visión en el ojo izquierdo.
Eloy Huanca Quito: “Un golpe y un calor doctor, fuerte”
Ante de las lesiones que sufrió el 13 de octubre de 2003 estaba trabajando como maestro técnico en tejido, luego quedó como ayudante. Tenía 21 años de edad cuando fue herido en el antebrazo y el abdomen por los militares.
El lunes 13 en la mañana se sumó a la marcha de la zona Munaypata “veía que la marcha estaba bajando por la avenida Kollasuyus entonces yo me sumé voluntariamente”, la movilización debía llegar a la plaza San Francisco. “Días antes habían muertes, matanzas en El Alto, esa era la razón para hacer la marcha”.
Los militares estaban en la calle Murillo y no dejaron pasar a la movilización, estaban con sus uniformes camuflados y sus cascos. Gasificaron a los marchistas “nosotros escapamos y ahí nos han disparado”, don Eloy se quedó a un costado del templo y sintió el impacto del disparo en el antebrazo y el abdomen “ese momento un golpe y un calor doctor, fuerte”, pensó que era una granada de gas pero vio que su brazo estaba ensangrentado, intentó caminar, no pudo y perdió el conocimiento.
ZPO / CIJG
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